Socarrat necesitaba una identidad con carácter, reconocible y con “sabor” propio: una marca que combinara tradición y energía contemporánea, capaz de funcionar igual de bien en rótulos, cartas, packaging y redes sociales. El reto fue crear un sistema visual con personalidad —con guiños al fuego, el arroz y la paella— manteniendo una estética limpia y aplicable. A partir de esa dirección, desarrollé un logotipo sólido y un universo gráfico coherente para que la marca se perciba auténtica, potente y memorable en cualquier punto de contacto.